La odisea de las letras

En el mundo de las letras, una guerra civil estaba en su punto más álgido. La letra Z, un tirano dictador que había tomado el poder de un país y ordenado quemar libros, películas y exterminar todo lenguaje existente en los que hubiera vocales, no quería ese tipo de letras subersivas en su territorio.

Su nueva visión "progresista" proponía apartar a las vocales y elaborar lenguajes a base de consonantes sin vocales que generos sonidos con tan poco decoro. Tomó por sorpresa a la población de letras cuando anunció una ley que dictaminaba que a las cero horas del 10 de Agosto, todas las vocales que siguieran en la ciudad y no hubieran migrado serían ejecutadas.

"Zzzzz ZZZ!!" dijo el dictador Z desde una cadena nacional.

Todas las vocales, sabiendo que pocas llegarían a cruzar la frontera en tan poco tiempo, corrieron despavoridas, tomaron lo poco que pudieron y se reunieron con amigos y familia para enfrentar la desidia. Una vocal llamada A, que era un solitario escritor, esa última noche quiso despedirse a su manera de la ciudad y salió a recorrerla. Quería volver a sentarse una vez más en ese banco verde del Central Park a leer y recordar esos momentos de inspiracion que le ayudaron a escribir su primer libro.

Llegó al parque alrededor de las 19:30 y llevaba con él el libro "Una habitación propia" de Virginia Woolf. Al llegar al banco, para su sorpresa, ya había alguien allí. Era la vocal E, que nunca antes la había visto. A pesar de que el banco ya estaba ocupado, A sabía que no iba a perderse la oportunidad de despedirse de su lugar preferido en el mundo, así que decidió acercarse sigilosamente y sentarse al lado de E.

"Hala aspara na ancamadarta, para ama asta banca. Sala qara dasparma da asta cadad layanda ma labra".

E entendió rápidamente que ella estaba ahí por la misma razón y lo invitó a que se sentara, diciéndole: "Se ne hey prebleme, semes veceles. Sempre enedes".

E también estaba leyendo. Cuando A miró el título del libro, se sorprendió al ver que la joven estaba leyendo "Las Horas", también de Virginia Woolf. Esa coincidencia ocasionó una extensa conversación de la que siguieron suspiros, miradas y una profunda conexión. Y ellos sabían que esa conexión era amor.

Se acompañaron hasta la frontera para salir de la ciudad. Ella se escapó a Londres y él a Argentina. Luego de esas intensas horas, al despedirse, se prometieron vencer el infortunio del destino y volver a encontrarse en el mismo parque, en el mismo banco.

Tres décadas fue lo que duró la dictadura de Z. Lo que inició como ideas de un político excéntrico con ideas "progresistas" y liberadoras ocasionó la guerra jamás contada en el mundo de las letras. Como resultado, ocasionó la extinción de la letra O. Debido a eso, fue suprimida de la historia de la humanidad. Nunca más hubo textos o lenguaje alguno que contuviera la letra O.

Muchas cosas fueron las que tuvieron que atravesar A y E en esos años. Hubo muchos momentos duros y tristes, pero también hubo momentos con algunos destellos de felicidad. Lograron rehacer sus vidas pese al dolor.

Cayó el muro de hojas levantado por el dictador Z, demostrando al mundo entero que su tiranía llegaba a su fin.

Fue así como las viejas vocales A y E, varios años después, volvieron al banco de ese parque para serle fiel a esa promesa, producto de un efímero pero genuino primer amor.

La primera en llegar fue E, estuvo horas y días sentada esperando. Hasta que por fin llegó A. Cuando él se acercó, ella estaba leyendo un fragmento de "Una habitación propia".

A, un poco tímido por la reacción de E, se acercó lentamente y tomó asiento a su lado. Ella le devolvió la mirada y le dijo: "Te estebe esperende", a lo que A respondió: "Nanca má, fa".

Una luz naranja otoñal tiñó sus cuerpos, que esbozaron en el piso una sombra firme y contundente que comenzó a unificarse en una sola.

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