Game over, you lost
Cuando recibí la llamada del colegio informándome sobre la conducta de Jorgito, intuí que esto marcaría un antes y un después en nuestra relación. Me sentí profundamente decepcionado conmigo mismo por no haber percibido las señales a tiempo. ¿Cómo fue posible que no me diera cuenta de que algo no andaba bien? Sus calificaciones no eran malas, pero su actitud en clase había cambiado drásticamente: se mostraba disociado, no participaba y tenía reacciones violentas. Lamentablemente, este comportamiento pronto se extendió a nuestro hogar. No podía comprender por qué mi dulce Jorgito se había transformado en este adolescente tan problemático. ¿En qué momento había ocurrido este cambio tan radical?
Un día quise hablar con él en serio, tener una charla profunda. Lo único que logré fue que me pidiera la consola Xenon 33 con un joystick sensor neural para Navidad. Y así lo hice. Se la compré porque se acercaba el verano y temía estar tres meses a solas con él y su nueva personalidad. Jorgito jugaba día y noche, descuidando la comida y el sueño. Intenté desconectarlo a la fuerza para que volviera a su rutina, pero solo conseguí que gritara desconsoladamente, llegando incluso a convulsionar. Renuncié y le permití seguir jugando. En la pantalla de la televisión solo se veían destellos sin sentido, el videojuego parecía haberlo absorbido por completo. Pasaron los días y una vez, al entrar en su habitación, lo encontré orinado y defecado. A pesar de mis deseos de ser un buen padre, no podía permitir que esta situación continuara. Decidí utilizar mis technocoins para contratar enfermeras y un sistema de alimentación intravenosa, permitiéndole seguir conectado a la Xenon 33. Quizás, con el tiempo, se cansaría y volvería a ser el Jorgito que conocía, el niño que iba al colegio y era un buen hijo.
Fue ahí donde comprendí que yo tampoco quería perder el juego. No podía permitirme dejar de ser un buen padre. Pasaron los tres meses y su cuerpo estaba débil, con úlceras en las nalgas de estar sentado tanto tiempo. El joystick se había fusionado con sus manos. Fue entonces cuando entendí que que mi juego estaba casi perdido. Decidí, con las pocas technocoins que me quedaban, comprar una escopeta.
Entré a su habitación y le di un beso en la frente.Seguía sin responderme, sin siquiera mirarme. Nisiquiera miraba la pantalla del videojuego, su mirada estaba perdida al igual que él. Me pare delante suyo y le disparé en la cabeza salpicando todas las paredes de la habitacion con pixeles.
Ahora sí, en ese preciso de momentos despues de volarle a la cabeza a Jorgetico pedí que me desconecten del simador "Ser padre hoy" y acepté que había pedido el juego.
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