El sesgo

Cuando entré a la casa, Hernán estaba sentado en el mismo sillón que usaba siempre para ver películas y jugar a la Play. Pero esta vez no apuntaba hacia el televisor, sino hacia la habitación de Enzo.


Durante nuestra convivencia nunca nos caracterizamos por ser una pareja muy aseada y de tener toda la casa prolija, pero esta vez estaba demasiado sucia y lúgubre. Era como si en los 5 años que llevamos separados no la hubiera limpiado nunca más.


Me encontré con un Hernán extremadamente delgado y estresado. La verdad es que no me sorprendió mucho encontrarlo en ese estado porque yo también, después de la pérdida de Enzo, pasé por una depresión tan grande que impactó en todo mi cuerpo.


Cuando me llamó al trabajo, cosa que no hizo en todos los años de matrimonio, supe que era algo verdaderamente importante y salí corriendo hacia su casa. Era evidente que la conexión que teníamos aun seguia intacta por que con solo escuchar su tono de voz saludandome fue suficiente para entender la importancia y emergencia del asunto. La realidad es que siempre nos amamos mucho y nos respetamos. Cada vez que por algun motivo lo recuerdo es con mucho cariño.


Cuando en el coche iba hacia la casa de Hernan, noté que la calle estaba vacía y había un ambiente de rareza que se podía respirar. La ausencia de personas se debía a que hoy estábamos en el día de los regresos. Este es un dia en que se paraliza la ciudad. Es una celebracion pagana que cada vez mas gente comenzo a realizarla. Empezó como un mito urbano que fue pasando de boca en boca hasta que se popularizó demasiado y se asentó en las costumbres en nuestra sociedad. Cada año mas gente realizaba la ceremonia de los regresados y afirmaba que lo que sucedía era real. 


Este día tan especial consiste en que cada 5 de agosto, por alguna razón que aun se desconoce, varias personas pueden presentar marcas en sus cuerpos, las cuales se pueden manifestar como un lunar o una mancha en el cuerpo de alguien y tiene la forma de triángulo. Quien esté marcado tendrá el don, ese mismo día a las 11:11 de la noche, de convocar a una persona ya fallecida por 30 minutos.


No sé bien por que pero me quedé con un juego de llaves de la casa de Hernan. Ahora que lo pienso, en el fondo esperaba este momento, o quizas algo muy adentro mío deseaba volver a abrir la puerta de esta casa. Hernán me recibió en el living en la entrada a la habitación de Enzo. Cuando me vió lo primero que dijo fue: "Viniste. Sabía que ibas a venir. Fui marcado con el milagro".

Hernan extiende su mano para que me acerque. Lo primero que atiné a decirle fue: por favor no nos haga esto.

El marco de la puerta a la habitación de Enzo tenía marcas y símbolos extraños; en la parte superior le colgaba algo similar a un atrapasueños hecho con palitos de helado.

Hernan se voltea la puerta de la habitación y la abre, adentro hay una oscuridad densa y pesada que no se llega a ver nada.



Hernan: No tenemos mucho tiempo Cris, el no puede salir de la habitación y solo podemos conversar 30 minutos.



Al principio me negué pero luego de conversar unos minutos con Hernan accedí ingresar a la habitación. Si todo esto del día de los regresos era verdad y me permitía volver a ver una vez más a mi hijo no podía quedarme con la duda.


Antes de entrar Hernan me explicó que había algunas reglas. Al entrar no podia prender ninguna luz y el ambiente debía quedar totalmente a oscuras y que lamentablemente no podria verlo, pero si podia tocarlo, acariciarlo si él quiería. Me recomendó entrar con algo que Enzo le gustaba demasiado. al unísono pensamos en su peluche del perro Jake de Hora de Aventura.

Antes de ingresar Hernan notó intranquilidad en mi mirada y me dijo tomandome de las manos : "Cris, no tengas miedo". 

Después de eso, cerró la puerta y cubrió con cinta y trapos cualquier lugar por donde pudiese entrar algo de luz.


Al principio mis ojos no podían acostumbrarse a tanta oscuridad. Por los nervios quedé inmovil sin poder avanzar a pesar de conocer la habitación de mi hijo de memoria y saber donde estaba cada uno de los muebles. Comencé a dar unos pasos inseguros y mis oidos al contrario de mis ojos, estaban super agudos y podia escuchar el piso de madera rechinando que sonaba a duo con mi apreton de dientes.

Llegué hasta la cama de Enzo, me senté y a los segundos comencé a sentir una leve brisa en la cara. Era como si hubiera una puerta abierta hacia algún lugar a la interperie. Curiosamente era una brisa que se sentía fresca, pero no generaba frio.

En esa oscuridad y con esa brisa pegando en mi rostro comencé a tener una sensación de gran espacialidad que era imposible que existiera en ese pequeño cuarto.


¿Hola? pregunté dudando. Con extrañeza noté extraña mi voz que resonó con eco no hubo respuesta. Ahora si que sentía un poco de miedo. No de Enzo, sino de que no podamos conectar por estar en una postura tan resistente.

Respiré profundo, solté aire y aflojé mis músculos. Extendí mis brazos y por una milesima de segundo sentí que mis dedos rozaron con alguién. al principio me asusté y volvi a mi posicipon inicial. Pero rapidamente tomé valor y lo intenté una vez más, suave, despacio y con confianza.

Toqué algo peludo, con orejas. En ese preciso momento un olor a shampoo , el de Ben 10 de Jhonson y Jhonson, inundó la habitación y detrás de ese olor se superpuso otro olor. Esos que son propios de cada persona, era el olor mas hermoso que nunca había sentido; era el olor que emanaba la piel de Enzo.


En ese instante supe que lo peludo que estaba tocando era el pijama de Totoro que tanto le gustaba a Enzo y lo tenía puesto. No podia verlo, pero mi cerebro a medida que lo recorria con mi manos, podía darle forma a su cuerpo en la oscuridad. Toqué sus manitos y estaban tibias. Comencé a llorar y una lágrima se deslizó por mi rostro. Enzo la detuvo apretándola en mi mejilla con su dedo indice y me dijo. "no llorés papá Cris".

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