La Esfera

Marcelo tiene 55 años y hace cinco que salió del armario. Ha dejado de identificarse con algunas ideas y construcciones sociales, por lo cual ha tomado coraje para decirle al mundo sobre sus preferencias.

Un día, el cadete de la oficina de abogados en la que trabaja lo invita a una disco llamada "Subsuelo 69". Allí, entre el humo, las luces y cuerpos calientes, conoce al joven y hermoso Lisandro.

Pegaron onda enseguida y pasaron la noche juntos. Desde ese encuentro no dejaron de verse, y compartieron muchas noches de pelis, cenas y mates con tostadas.

Una noche, mientras Lisandro dormía, Marcelo lo contemplaba. Al admirarlo tan joven, con su pelo rubio, sus ojos color miel y la piel de porcelana, recordó una escena de Muerte en Venecia, cuando Gustav, en sus últimos minutos de vida, admiraba al joven Tadzio en el mar.

Cuando tuvo ese recuerdo de esa triste escena, no solo lo abrazó una rara angustia, sino que además fue la primera vez que sintió esa extraña sensación de tener algo en su estómago. Sintió un raro movimiento acompañado de un fuerte retorcijón.

A los tres meses de relación, Marcelo le regaló una copia de la película Muerte en Venecia a Lisandro. El joven, al abrir el regalo y mirarlo, no entendió muy bien qué era.

Lisandro: ¿Es un disco? Ah, no, no. Es una peli. ¿Cuál es?

Marcelo: Es la peli que te comenté, la italiana que me gusta mucho.

Lisandro: ¿La vida es bella?

Marcelo: No, no. Esta es otra, Muerte en Venecia.

Lisandro: Ah, sí, sí, puede ser. Gracias, yo no te traje nada. Me sorprendiste.


La cena siguió su curso. Marcelo no dejaba de pensar en que su regalo no causaba el impacto que él esperaba en Lisandro; su joven pareja no le daba la importancia que él esperaba. Lisandro no mencionó en toda la noche el obsequio, y ni bien lo recibió, lo guardó en la estantería entre libros que nunca leyó ni iba a leer nunca. Marcelo percibió el desinterés y no pudo dejar de apretar los dientes mientras se embrollaba en esos pensamientos. Trató de disimular su vergüenza y su dolor. Ya en la cama, miraron videos de Moria Casán en el bailando, y Marcelo siguió prendido a esos pensamientos hasta que lo invadió un dolor intenso en su estómago. De nuevo sintió algo adentro que se movía ahora con fuerza hasta que cayó de la cama al piso retorciéndose de dolor.

Luego de cuatro meses de encuentros, Marcelo sintió que era momento de contextualizar la relación. "Pareja abierta", dictaminó Lisandro. "Okey", dijo Marcelo con aires de superioridad. Su actitud de sugar daddy súper deconstruido le costó tres días en cama por el dolor intenso de panza. Esta vez no solo sintió que algo se movía en su estómago, además tenía cólicos intensos acompañados de una gran inflamación. Su estómago estaba duro, entumecido e hinchado.

Unos días después fueron a bailar nuevamente a Subsuelo 69, esta vez para darle inauguración al reciente título obtenido de pareja abierta. Marcelo estuvo toda la noche bastante tenso, tratando de disimular lo que le provocaba ver a Lisandro en un juego de miradas con otras personas. No dejó de sentirse interpelado por la sensualidad con la que su novio se movía. No podía disimular su malestar.

En un momento de la noche, Lisandro le pide a Marcelo que vaya a la barra a buscar algo para beber. Marcelo intuye que se lo quiere sacar de encima, pero lo toma como un desafio alejarse  de su amado para demostrarse a sí mismo que puede con sus pensamientos oscuros. Quizás , no se lo quiere sacar de encima, quizás solo es él y su cabeza creando fantasmas.

Al regresar a la pista, Lisandro ya no está en el mismo lugar. Marcelo lo busca entre el tumulto de cuerpos sudorosos hasta que lo ve en el medio de la pista besándose con otro chico. En ese preciso momento queda paralizado, sus ojos se llenan de lágrimas. No puede hablar ni moverse. Un fuerte dolor proveniente de su panza lo invade; tan fuerte es que le tiemblan las piernas. Con el mayor esfuerzo posible, trata de moverse y salir de la pista. No quiere hacerle una escena a Lisandro.

Llega hasta una columna de la que se sujeta; su panza está inflada a tal punto que parece estar embarazado. En ese preciso instante, antes de poder pedir ayuda, cae desmayado.

Al despertar, Marcelo está confundido. Su cuerpo está extendido sobre una amplia cama y no puede moverse. Tampoco entiende muy bien en dónde se encuentra, pero rápidamente comprende que no es un hospital, sino más bien la habitación de una casa antigua, de techo alto, lúgubre, con paredes con viejo empapelado de flores y alfombra verde oscura. Siente de fondo sonidos, balbuceos de hombres.

Luego de unos minutos, recupera la movilidad y la usa para incorporarse y sentarse en la cama. Tiene cuatro hombres calvos sentados, dos a cada costado de la cama. Visten túnicas de colores con un aspecto andrógino. Parecen mujeres extremadamente masculinas. Transmiten una amabilidad que hace que Marcelo se sienta seguro. Se presentan ante él como los parteros y los nombres de cada uno son los de un color: Rojo, Verde, Amarillo y Violeta. Tienen la extraña cualidad de que casi siempre hablar al unísono o de completarse los diálogos. 

Hombres parteros: Felicitaciones, has sido papá.

Marcelo: ¿Qué? ¿A quién embaracé?

Hombres parteros: Tú eras el embarazado.

Los hombres parteros lo llevaron hasta una esquina de la habitación donde había un moisés y lo invitaron a que se acercara para conocer lo que había parido. Al acercarse y correr la frazada que cubría a la criatura, había una bola negra, una esfera negra flotante.

Marcelo pudo escuchar a la esfera vibrar y llorar de hambre. No dudó un segundo de lo que le decían los parteros, de lo que veía y las emociones que sentía. Sabía por algún motivo o intuición quizás, que todo lo que estaba aconteciendo era verdad. Esa extraña criatura manifestada en una esfera negra venía de él y que estaban conectados.

Cada vez que la esfera vibraba de hambre, Marcelo se retorcía y agonizaba del dolor. Los hombres parteros le dieron indicaciones y le enseñaron cómo alimentarla, con cabezas de pescado, ratas, y menudencias. Carne, siempre debía darle carne. Con los días, la esfera comenzó a crecer y cada vez pidió más y más comida, haciendo que con cada llanto los dolores de Marcelo fueran más agudos.

Los hombres parteros cuidaron de Marcelo y de la redonda criatura, siempre fueron sumamente cordiales con ellos. Se encargaron de guiar a Marcelo en la crianza de ese extraño ser, si es que se lo puede llamar así. Marcelo, a pesar de que no lo dejan salir de la habitación, confía en ellos a pesar de las escuetas explicaciones sobre lo que está pasando. De todas maneras él tampoco las pide, siente que no las necesita.

Pasan unas semanas más y Marcelo alimenta a la esfera varias veces al día, pero ya nada puede sacia su hambre, lo cual genera que el dolor en su cuerpo nunca se detenga. Los lapsos en que la esfera no llora e hambre cada vez son más cortos. Cada vez esta más hambrienta y es mas dificil saciarla. Con los días siguientes, como no alcanza la comida que le dan, la esfera empieza reducir considerablemente su tamaño.

Marcelo sentía como la criatura que parió se está apagando, comienza a caer en la desesperación. Llora y pide ayuda desconsoladamente para que se pequeña esfera no muera. Los parteros le recomiendan que trate de conectar con su criatura, tratar de entender qué es lo que verdaderamente quiere y necesita comer.

Marcelo: No te mueras por favor. ¿Qué querés comer?

Marcelo, con su esfera en brazos, se concentra para conectar y logra escuchar un balbuceo.

La esfera comienza a vibrar fuertemente.

Hombres parteros: ¿Qué te ha dicho?

Marcelo: Dice que quiere comerse a Lisandro.

Hombres parteros: Lo que pidan nosotros lo traemos.

.....

Suena una canción de cuna y uno de los parteros, Rojo está amacando un moisés. Adentro se encuentra la esfera que está mucho más grande y redonda.

Los otros tres parteros ingresan con una gastroneta y una gran bandeja con una campana metalizada que cubre la comida.  Retiran la campana y debajo se descubren trozos de un cuerpo humano. Rojo toma una oreja y se la da a la esfera. La esfera la absorbe y vibra haciendo un eructo. Entre los trozos de cuerpo humano en la bandeja se encuentra la cabeza de Marcelo.


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