Cocoon
Hoy no me reconozco.
Busco en mi rostro esos lugares que revisé varias veces, que son míos y dan cuenta de que yo soy yo. Los busco y no los encuentro.
Busco mi pequeña cicatriz que tengo escondida entre los pelos de mi barba y no está. Busco el pequeño lunar que tengo en el lóbulo de mi oreja derecha y tampoco está.
Hoy no me reconozco.
No reconozco mi frente, hoy la veo más amplia, no reconozco mis entradas, aunque sí me resultan familiares. No reconozco cinco canas que tengo por arriba de la oreja del lado izquierdo de mi cabeza.
Abrí la boca y mi diente, el paletón medio torcido, no está donde lo recordaba.
Mis lentes que me acompañan hace años tienen las patillas de color marrón, no verde oscuro como las recordaba.
Hoy no me reconozco.
Quizás es porque nos miramos menos de lo que creemos, quizás mis ojos no son marrones y quizás mi rostro, así como los colores, no son como los percibimos. Quizás mientras más busco reconocerme, más me desconozco.
Doy unos pasos hacia atrás para contemplar mejor mi cara, que es mía porque la toco y la siento, me recuerda a Brian Dennehy, el actor de la película Cocoon. Nunca había visto esta similitud con él.
En la peli él es un extraterrestre que oculta su verdadero ser, su cuerpo que no es de carne como el de nosotros, sino que es de un material luminoso al que se encarga de cubrir con pieles que imitan a las nuestras y así camuflarse en nuestra sociedad.
Ahora me reconozco más.
Quizás entonces mi piel no es mi piel, quizás por eso la fuerte comezón que estoy sintiendo. Quizás por eso siento que algo se mueve debajo de mi rostro y mi rostro no me pertenece.
Reconozco que quizás no pertenezca a este mundo. Ahora me reconozco un poco más.
Un corte rápido, limpio, con mi cuchillo bien afilado que recorra mi cuello de un extremo a otro, para quitarme esta piel que hoy no reconozco. Corto.
Hoy me conozco. Algo reconozco, quizás hoy.
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