SILVERIO SILVESTRE
El joven Silverio Silvestre volvía a su casa desde el colegio. Antes de abrir la puerta del edificio durante una milésima de segundos escuchó un zumbido fugaz que le invadió el cuerpo con un escalofrío. Involuntariamente, como respondiendo ante un llamado, se giró hacia la calle.
En ese instante se estalla contra el piso el cuerpo de su padre, quien en un acto suicida se acaba de arrojar de un decimoquinto piso.
Un gran salpicón de sangre manchó gran parte de su rostro, con la mitad de la cara teñida de rojo e inmutado no podía dejar de observar cómo se iba expandiendo el charco de sangre que emanaba del cuerpo de su padre, tanta era la sangre expandiéndose que llegó a ocupar casi toda la vereda, tanto se expandió que llegó a tocarle la punta de los pies. Con su mirada se adentra en las profundidades de esa sangre tan roja que ya pasaba a ser bordó, tan bordó que ya era oscura. Silverio se sumergió en las profundidades de esa oscuridad. Estaba allí adentro pero afuera. En ese lugar no había sentidos, no se podía oler, escuchar o ver, solo había oscuridad. Era el vacío.
Estar en ese vacío y contemplarlo le generaba la misma sensación como quien de noche contempla un cielo repleto de estrellas, o desde la cima de una montaña ve un paisaje que le parece estremecedor. Allí tuvo la sensación de sentirse pequeño ante el universo. En ese vacío que no había nada, a la vez estaba repleto. Estaban todas las respuestas a las preguntas que pueda hacerse la humanidad.
La oscuridad ante Silverio empezó a tomar forma, de a poco comenzaron a volver los olores. Olores nuevos, olores que nunca había olido antes. También empezaron a escucharse sonidos que ninguno era lo suficientemente claro.
Silverio identifica unos de los sonidos y comienza a tener un cosquilleo en la panza. Ese sonido que le resulta familiar es el mismo zumbido fugaz que escuchó antes de ver caer a su padre. Al final del zumbido una luz blanca cegadora lo abraza para darle comienzo a una epifanía.
En esa revelación podía verse en el futuro. Se veía un hombre elegante y refinado vistiendo trajes hechos a medida por los diseñadores más destacados de la industria de la moda. Su cabello, sin un pelo fuera de lugar, lo tenía peinado con gomina lo cual sumaba más detalles a su estado tan apolíneo. Su cuerpo estaba en excelente estado, tenía una simetría tan perfecta que era casi surreal, era un Dios griego viviendo entre simples mortales. También pudo verse trabajando en su propia compañía pues se convirtió en un arquitecto de renombre internacional respetado por todo el ecosistema del ámbito laboral. Tenía amores pasajeros, relaciones para el postureo en fotos y lobbies empresariales, todas ellas eran relaciones frías con mujeres con las que nunca podía conectar emocionalmente. En este viaje hacia el futuro también pudo ver que cosas soñaba. Revisó uno de sus sueños y se vio bailando desnudo entre las nubes; bailaba música clásica al ritmo de Brizet la composición para el Acto I de Carmen.
Entre las nubes, lo esperaba acostada una mujer voluptuosa de grandes curvas que no tenía rasurada ninguna parte de su cuerpo y también tenía unas tetas enormes, unas tetas muy muy grandes. Esa mujer era muy parecida a Filomena, una niñera italiana de avanzada edad a la que él de niño espiaba cuando se cambiaba.
Silverio llega danzando por los cielos hasta Filomena y se recuesta en pose fetal junto a ella y usa de almohada una de sus enormes tetas. Filomena le da un biberon con un liquido que su sabor era el de la leche, pero su textura era mas espesa y de color negra. Al terminar de beber comienzan a tener sexo. Silverio amaba la sensación única de poder penetrarla y a la vez contemplar todo el vacío debajo de ellos. Se despertó eyaculado, amaba poder fornicar en las alturas.
Silverio siguió viajando por las memorias de su futuro aún no vivido y se vio trabajando. No solo era un empresario que creaba proyectos, sino que además, le gustaba ser parte de su propia mano de obra. Le gustaba ser obrero.
Amaba poder caminar por las vigas, estar en las alturas al borde del vacío y sentir la adrenalina de estar un poco en peligro. Un día en una de sus construcciones, sentado en lo alto de una viga y contemplando el vacío, recordó a su padre y se preguntó: "¿Qué lo habrá llevado a saltar?" ¿Qué fue lo que habrá visto en ese vacío?".
Un estruendo fuerte y la viga que se rompe en uno de los extremos hace que Silverio pierda el equilibrio y tropiece, quedando amarrada de casualidad una de sus piernas en una soga quedando de cabeza al vacío. Unos obreros que estaban cerca acuden inmediatamente a rescatarlo .Cuando logró salir, estaba con adrenalina y contento, se sintió casi como estar danzando en las nubes como en su sueño. Silverio se da cuenta que tiene un erección, su verga está más gorda y dura que nunca.
A partir de ese día, se daría un punto de inflexión en su vida. Silverio se ha dado cuenta que es adicto al vértigo, a vislumbrar el vacío. Contemplarlo lo hacía sentirse lleno. Empezó a interpretar al Vacío como un Dios, un ser supremo al que de alguna manera empezaba a darle un tipo de forma, y esa forma estaba fuera de la comprensión de simples mortales, solo de algunos pocos como él, claro, que podían entender su significado. Con el pasar de los días Silverio comenzó a invitar muchachas a las construcciones y las llevaba a las alturas con la intención de tener relaciones sexuales en lo alto. Como ninguna o la mayoría de ellas podía asumir semejante riesgos y eso le terminaba pinchando los planes, Silverio las drogaba y las violaba sobre la viga más alta de la construcción. Silverio se sorprendió un poco al ver las decisiones que tomaría en el futuro, pero tampoco demasiado. Una parte de él las justificaba. Avanzó en sus memorias y ahora pudo ver como una noche, mientras abusaba de otra víctima, casi sin querer, el cuerpo de la joven se le cae de la viga hacia el vacío. Él no la sintió una víctima sino una ofrenda, era una elegida para un bien mayor que no estaría nunca al alcance de la comprensión humana.
Volvió a avanzar en sus memorias, pero cada vez sus actos lo complicaba aún más con una sociedad que nunca entendería el porqué de sus actos. Ya para sus 40 años estaba convertido en un asesino serial que ofrecía animales, hombres, mujeres y niños al Vacío. Silverio vio cómo después se encargaba de cubrir los cuerpos de sus víctimas en los cimientos de sus construcciones. Sus víctimas eran elegidas a la perfección. Pero siempre en algún momento hay un descuido, dicen los investigadores.
Como quién embobina una película Silverio fue más adelante y se vio en la terraza de uno de sus edificios siendo acorralado por la policía. Ya no había escapatoria, ni vuelta atrás. Era momento de liberarse, de hacer la última de sus ofrendas al Vacío que le daría la bienvenida como el más fiel de sus hijos. Es así como Silverio decide saltar. Se vio caer, abrió los brazos para abrazarse con el Vacío y lloró de felicidad. Siente una vez más el zumbido fugaz y la misma luz blanca del comienzo de su viaje que lo vuelve a cegar.
Silverio cayó en el mismo lugar que su padre cuando se suicidó. Él era su padre, no solo estaba en lugar de él. Abre los ojos y entre la sangre brotando por todos lados vislumbra la imagen del pequeño Silverio. Entre ahogos de sangre llegó a decirse “Silverio llamá al Same”.
¡Ay Silverio Silvestre!, que mala idea viciarse con el vacío.
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