LA PIERNA FANTASMA
Los teléfonos trompetean. Nos dan aviso del triste advenimiento de nuestra princesa que
retorna a la familia . En su llegada la noté con falta de inocencia e impregnada de varios
fantasmas. Joven aventurera que en tierras lejanas ha sido coronada con pedazos de
vidrios. Volvió sin su caballo metalizado que fue triturado a mordiscos por un dragón que
volaba a contramano.
Acorazado santuario, hogar de los recuerdos, sin movimientos y sin tiempo. Así ha
permanecido, anacrónico, desde hace varios años, cuando la princesa Violeta se había
marchado. Hoy vuelve a cumplir su función, la de abrazar y contener.
Cierro la puerta del cuarto viéndola llorar, y además cierro una idea: “con su llegada he
comprendido que hay fantasmas que tienen dolencias y que son reales.
"¡Me duelen las gambas!" grita nuestra princesa Violeta en noches que se hacen violentas.
¿Cuál Viole? "La derecha" me decía “y la izquierda la siento dormida”.
La derecha y la izquierda son las que les falta, las amputadas, que los hombres de blanco
llaman" las piernas fantasmas"
Re pienso: “Hay fantasmas que tienen dolencias y que son reales, pero hay piernas que no
lo son”.
¿Cómo puede doler algo que no se tiene?
¿La razón puede performar el cuerpo? Quizás sí, quizás es así como se pierde la razón.
Con razón se llaman fantasmas.
La cabeza nos juega malas pasadas, escuché varias veces decir y decirme un tanto sacada.
¿Viole habrá olvidado que le faltan las piernas? Mejor no le contesto. Mejor que se responda
sola. Que le dicte a su cerebro "basta de malas pasadas que estoy bastante cansada".
Le acercamos espejos para que despierte la conciencia y contenga a los fantasmas. Que así
se abra un nuevo estadío, el de la angustia de sentirse ajena, el de reconocer el ser.
El cuerpo es historia, el cuerpo es tiempo y a veces por momentos el hogar de algunos
fantasmas.
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