BASURA


Son la 1 de la madrugada y en 5 minutos me pasan a buscar. No encuentro las entradas de la fiesta. Todo producido con mis mejores trapos, estoy listo para darle una oportunidad a alguien de conocerme.

Como si fuese Symone Raven, tuve una visión, pero del pasado. Creo que arrojé las entradas a la bolsa de basura. Suena el celu, mensaje de mi amigo La Nika: "Estoy abajo, trolo".

Tomo las llaves y salgo al pasillo a revisar la basura. Cuando la abro, lo primero que veo es un algodón con sangre y, al lado, pegada, la entrada del disco "SUBSUELO 6".

Un olor hediondo, a podrido, subió directo a mi nariz. Una mezcla de los aromas más repugnantes me sirvieron para etiquetar el recuerdo que me acaba de invadir. Si la vergüenza y la culpa tuvieran olor, sería sin duda el que provenía de esa bolsa de basura.

Todo empezó por una "J". "Dame pista", me dijo. Y yo entendí "Dame pija". Me abalancé sobre él para usar mi técnica fatal de levante, que consiste en una respiradita en la oreja al momento de decir un piropo. Ese acto, ya de por sí osado, va acompañado de una tocada de orto para demostrarle al pasivo femme que soy su macho; ese macho que salió a buscar.

Así fue y así se lo hice a aquel joven del que, por suerte, no recuerdo nada, ni su nombre ni su cara.

"Así que querés bbbija, bebé", le susurré al oído, lento y bien lascivo, con un aliento caldoso a vodka berreta que sirven en los boliches.

Con la mano libre tomé bien fuerte una de sus nalgas, que calzaba a la perfección en la palma de mi mano. Sentí que ese culito, esa figacita, estaba perfectamente diseñada para ser tocada por mí.

Para mi sorpresa, lo que vino después fue raro. El pibe dio un paso atrás, un silencio rotundo.

Retrocedimos. Mi intención era verle la carita de placer, ese gestito morboso de tiernito con rasgos de Jonas Brothers pidiendo a gritos que lo sodomice. Pero fue todo lo contrario. Su mirada es lo que más recuerdo de aquella situación; sus ojos eran de un color negro profundo. Entendí que ese era el color del odio, del desprecio. Al toque de eso, un estruendo y oscuridad. La misma que se desprendía de su mirada, la misma oscuridad que me quedé petrificado mirando en el fondo de la bolsa de basura.

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